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GASTA MICHOACANO 15 MIL PESOS EN LA COMPRA DE SOMBRERO DE 90 VUELTAS
EL DINERO EQUIVALE A LA VENTA DE UNA VACA PARIDA QUE DA ENTRE 18 A 20 LITROS DE LECHE
Ángel Ramírez Ortuño / Huetamo
Se llama Rogaciano Dávalos Arellano, es un agricultor originario de la comunidad de Charácuaro, Mpio., de Huetamo, Michoacán, esta por cumplir en octubre los 60 años de edad, y por eso motivo decidió regalarse un lujoso obsequio, si señor, un sombrero de ala ancha de Tlapehuala, Gro., de esos finísimos de 90 vueltas, y que dada la calidad de esa joya de palma tejida a mano, no dudó en pagar 15 mil pesos.

De esa forma casual, tras encontrar en las calles de Huetamo al viejo amigo de la infancia, Rogaciano presumió su sombrero y nos quizá evaluar que tan buenos conocedores de sombreros éramos, tras preguntarnos que para cuanto nos gustaba el precio de un sombrero de 90 vueltas, y con temor dijimos que unos 2,800 pesos, quizá un poco mas, sin embargo el ranchero ribereño dijo que andábamos lejos del precio.
Enseguida le cuestionamos que porque gastaba tanto en una prenda como ese sombrero, y sin pensarlo dos veces explicó que a lo largo de su vida nunca había podido darse ese lujo, pero que ahora que el tiempo le ha sonreído, se fue hasta Morelita para que un experto en la materia tejiera para el un especial sombrero, dado que su vanidad y el arribo a la edad sexagenaria, bien valía la pena.
¿Pero porque tanto dinero en tiempos de crisis? Abròn, contestó Rogaciano, con quien tuviera marcadas diferencias en los años sesentas allá en Charácuaro, por culpa de una falta dentro de un partido de pelota tarasca, y por tal motivo nos trenzamos a golpes, sin embargo, en el Internado No. 20 me habían enseñado a meter las manos, y logre sangrar y derribar a Roga, y desde entonces nos hicimos “enemigos”.
Los años pasaron, y en la madurez de la vida, nos volvimos a encontrar con el rival, pero las canas y los años nos hicieron olvidar rencillas, por eso, cuando la mañana del lunes me gritó de un lado a otro de la avenida Madero, en pleno corazón de Huetamo, acudí festivo a saludar al ranchero chido, quien de esa forma me apantallò con su súper sombrero de 90 vueltas, un juguetito bien caro.
Oye Roga, preguntamos curiosos, ¿y de que te tuviste que deshacer para comprarte ese sombrero? Hummm gallo, dijo sentencioso, a lo mejor el precio de la venta de varias vacas corrientes, algún buen caballo, o quizá el equivalente a la venta de una vaca parida que me daba entre 18 y 20 litros de lecha todos los días, pero todo eso bien vale la pena cuando tu te das un gusto en la vida.
Por lo pronto, dijo Dávalos, el jueves 10 de septiembre cruzaré el río Balsas y me irè a las fiestas del Santo Patrono San Nicolás allá en Ziràndaro, a disfrutar el “Toro de Once”, a darle gusto a la vida y a disfrutar el tiempo que nos quede todavía, por eso que uno nunca sabe cuando va llegar la hora definitiva, así pues, hay que darle gusto al gusto horita que se puede, después, uta, a todos nos va a llevar…la chingada.
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